Al igual que la prensa derechista en Chile durante la dictadura, habla de "enfrentamientos".
Esta nueva situación de crisis en Bolivia contiene, desde el punto de vista de la cobertura informativa, elementos repetidos en relación con otras coyunturas recientes. La Telelevicion en particular procesa los sucesos escogiendo con pinza para mostrar. Existen eso sí, límites éticos que no han sido respetados.
Particularmente grave es constatar la distorsión sobre las causas y circunstancias en que ciudadanos bolivianos murieron el pasado jueves. En principio, pese a que el gobierno de Morales acusó una matanza de campesinos por parte de funcionarios de la opositora prefectura de Pando, los medios de información insistían en que fueron “enfrentamientos” los que dejaron más de 15 muertos. Campesinos que adhieren al gobierno de Evo Morales se dirigían hacia la localidad de Cobija para celebrar una asamblea cuando fueron emboscados por funcionarios armados leales al prefecto opositor Leolpoldo Fernández, más sicarios brasileños y peruanos. Sin poder defenderse fueron cayendo las víctimas.
Con el correr de los días van surgiendo nuevos antecedentes y numerosos testimonios de sobrevivientes que ratifican la verdad de lo sucedido. Las cifras son perturbadoras: hay una treintena de muertos y más de cien desaparecidos.
Y con esos nuevos datos ¿qué dice la Televisión se limita a decir que “la violencia deja ya 30 muertos y más de 100 desaparecidos”, agregando que “la oposición niega las cifras”. No explica por qué es la oposición quien debe hacerse cargo. Es curioso que la Televisión no se apoye en las investigaciones de la prestigiosa cadena de radios boliviana Erbol y otros numerosos medios internacionales que se han hecho eco de la matanza.
El gobierno culpó directamente a paramilitares infiltrados y sicarios llegados de terceros países para masacrar a campesinos cocaleros cercanos al gobierno…”¿Cuándo? ¿Cómo ocurrió un hecho tan dramático? Y además ¿quiénes fueron los victimarios? Misterio. Se omite la participación de funcionarios dependientes de un político opositor.
En cambio, hay espacio en las imágenes para que otro prefecto conservador, Ruben Costas, denuncie una “represión brutal”, a partir de la declaratoria de estado de sitio, necesaria como aparece de manifiesto para preservar la vida de la población civil.
Por desgracia, se prevé que el número de víctimas fatales aumente. La nebulosa sobre esta realidad permanecerá para la gran mayoría de los los pueblos obligados a informarse por una televisión que apuesta por la confusión, y que como en otras épocas, es capaz de llamar “enfrentamientos” a los crímenes más repudiables.
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